El Cuento el Niño Valiente
Hace mucho tiempo, cuando
los perros se amarraban con longaniza, vivía
un niño muy valiente. Tan valiente era que le llamaban Daniel el
Valiente. Pero un día como no conocía el miedo decidió ir a buscarlo.
Anda que te anda, a todo el
que se encontraba por el camino le preguntaba dónde estaba el miedo, pero nadie
sabía contestarle. Una noche, Daniel encontró a una anciana que le dijo:
-Allá, detrás del puente,
hay un enorme castillo. Dicen que en él viven tres gigantes que dejan muertos
de miedo a los que consiguen verlos.
-¡Por fin sabré qué es el
miedo! –pensó Daniel. Y a la mañana siguiente, muy contento, se dirigió al
castillo.
Cuando llegó frente a la
puerta, ésta se abrió: ñiiiic. Lo primero que vio fue una mesa preparada para
comer.
Daniel comió de todo lo que
había y le entró un terrible sueño, por lo que se acomodó como pudo y se quedó
dormido.
Al poco tiempo, aparecieron
los tres gigantes.
-Huele a carne fresca –dijo
el primer gigante.
-Huele a niño tierno –añadió
el segundo.
-Huele a niño joven –agregó
el tercero.
Y los tres se dispusieron a
buscar a Daniel. Pero éste, que los había oído, cogió la aceitera de la mesa y regó
el aceite por el suelo. Cada vez que los gigantes querían alcanzar a Daniel,
resbalaban y caían al suelo. Acabaron tan cansados que no les quedaron deseos
de atraparlo.
La valentía de Daniel llegó a oídos del rey, quien lo
casó con su hija. La boda se celebró con mucha pompa.
Una mañana, Daniel dormía
como un lirón. No había manera de despertarlo. La princesa, ya harta, ¡Zas! Le
echó encima un cubo de agua fría.
-¡Au, au… auxilio! –Gritó Daniel-. ¡Por poco me muero de
miedo!
¡Vaya susto!
Y así fue como nuestro amigo Daniel conoció el miedo.
Cuentan que desde aquel día fue feliz.
Y cataplán, cataplín, este
cuento llegó a su fin.
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